Ni bien encendí la compu, revisé mi correo y me encontré con una noticia que me dejó impactada: un ex de hace mucho, pero mucho tiempo, se casa en Argentina . Hace años que no hablamos, y no porque hallamos quedado enemistados- al contrario somos buenos amigos- , sino que cada uno está en lo suyo… vaya que sí!

Nos conocimos el 99, yo tenía 13 y él 17, y desde que nos conocimos nos odiamos. Yo no soportaba su pose de “soy churro y como todas me miran, seguro tu también”, y él no soportaba mi pose de “si todas te miran, yo no”. Cada que Luis Gerardo y yo nos cruzábamos era un literal y rotundo “ajjj”. Pero todo eso cambió cuando un amigo mutuo, Mariano, nos invitó una cena por su cumple, y por no hacerle pasar un mal rato conversamos de lo más “normal”. Sin darnos cuenta, nuestros letreros imaginarios de “atorrante” se fueron disipando. De hecho nos la pasamos muy bien, tanto, que quedamos para tomar helados. El plan era este: yo de escaparía de mis clases de computación y él me esperaría e la puerta del instituto. Después de nuestra primera salida nos dimos cuenta de que no éramos tan diferentes, y de hecho nos sentíamos muy cómodos el uno con el otro. Empezó a ir a verme en las tardes, y yo me escapaba de la casa de mis abuelos con alguna excusa tonta. No recuerdo exactamente como fue pero me dijo: me gustas. Los mil colores se me subieron y me quedé calladita, sólo sonreí.
Después de un año y medio nos hicimos enamorados, pero por distintas razones, entre ellas el vivir lejos, duramos poco menos de un mes. Al siguiente año decidimos darnos una nueva oportunidad (ya voy por el 2001), pero esta vez duró menos que la anterior. Tanto él como yo, eramos bastante inmaduros, y a pesar de querernos mucho, uno u otro siempre terminaba fregando las cosas. La adictiva estadía en la franja del “te quiero” y “el no te puedo ver” nos duró 2 años y medio.
En enero del 2002 me volvió a llamar, me dijo que quería verme. Al principio le dije que no, que no quería volverlo a ver- en realidad me moría de ganas, pero como estaba demasiado gorda no quería que me viera en mi faceta de pokebola. Insitió varias veces y acepté ir al cine. Verlo después de 6 meses fue como si recibiera una descarga eléctrica capaz de quitarme el habla y todo posible movimiento. Luego de la charla del “cómo te ha ido, qué ha sido de tu vida” y bla bla bla, nos reconocimos y empezamos a ser los mismos, eso incluía sentir lo mismo de siempre. Nos dimos la tercera y última oportunidad. Todo iba de maravilla, hasta que me dio la noticia: su familia se regresaba a Argentina. Me quedé helada, no podíamos tener tan mala suerte, maldije a sus papás – luego me retracté, claro- y decidimos estar juntos hasta que su último día en Perú. Tres semanas después él se fue. Nos escribíamos de cuando en cuando. De hecho, la última vez que nos vimos fue el 2003, pero esa vez ya nada renació. Eramos dos buenos amigos – sólo amigos- que se dieron un gran abrazo y recordaron las cosas que habían pasado en los 4 años de conocerse.
Hoy recibo noticias de él después de 3 años… vaya notición. Y la verdad no podría estar más feliz por ti Luisge!!
la sensación “mi ex se casa” es única. la sentí hace unos días y la puedo describir (en mi caso) como un shock que incluye en caer en la cuenta de lo poderosos que son el tiempo y la ubicación geográfica.
y tu historia es tan similar a la mía que me ha dado hasta miedo.
hola, gracias por la visita
vine a comentar de nuevo, aunque veo que lo que escribí antes está ahí enterito.
nos vemos.