
Hoy me levanté a tomar mi respectivo jugo de la mañana y mi madre soltó el grito al cielo. Me dijo que estaba demasiado pálida, que debía estar enferma o anémica. Cuando pronunció la palabra anémica me pareció una broma y algo casi imposible, debido a que rara vez como comida chatarra, y muy al contrario, como saludable comida casera, lo que me hace estar – como me llama cariñosamente mi novio- “TACUCHI”.
En fin, me estoy yendo del tema. El punto es que ante la cara de espanto de mi madre por mi color amarillento, adopté la teoría de que mi color pálido era porque no me había bronceado en todo el verano. Ella me dijo que no hable taradeces y que visite un médico internista cuanto antes.
Regresé a mi cuarto y recordé que, a diferencia de este verano en el que no había pisado playa ni piscina, los anteriores veranos iba a la playa todos los fines de semana. Después de ser practicante de lunes a viernes, ir a ponerle color a mi piel, era infaltable, preciso y necesario.
¡Qué mejor lugar para encontrar relajo que la playa, escenario de innumerales amores de verano y demases! No podría decir que he tenido abundantes amores de verano pero sí uno que otro, caleta claro.
Mi primer amor de verano aunque no llegamos a ser “enamoraditos”, fue a mis 13 con el hijo de 15 años de la amiga de mi tía. Conocí a Mariano en una playa del sur de Lima, un fin de semana en el que -prácticamente- me habían obligado a ir. Salimos durante un mes, nos gustábamos, pero jamás me dijo para ser enamorados. ¿Lo que más recuerdo? El almuerzo con su familia, y mis ganas de vomitar al tener que comer, por educación, la ensalada de pepinillo.
Pepito – mejor conocido por todas mis amigas como “el innombrable”- fue mi siguente amor de verano, mi primer enamorado y quien me dio mi primer beso (que “sweet”). Lo conocí por medio de mi prima. No recuerdo exactamente la escena de presentación, pero recuerdo que no me pareció tan churro como me lo habían pintado. Esa percepción cambió pocos días después, cuando cai rendida- por llamarlo de alguna manera- a sus pies. El romance duró -a lo mucho- tres semanas. ¿ El recuerdo? Mi miedo al primer beso, sobretodo al francés.
El siguiente - y para nada caleta- amor de verano fue el amigo de mi amigo. Lo conocí en Lima una noche en la que todos los comunicadores udepinos nos habíamos puesto de acuerdo para salir sandunguear duro y parejo. Habíamos viajado a un congreso que organizaba la U. de Lima, y era impensable quedarse durmiendo noches en las que estábamos fuera de nuestros respectivos hogares. Lo conocí esa noche y tiempo después nos encontramos en una fiesta en la playa - ya en Piura- y comenzó el romance veraniego, que duró poco menos de un mes. ¿ Recuerdo? Mi amigo Alex Pericles apartándome de la fiesta, riñiéndome, y preguntándome quién era el fulano con el que andaba de besitos. Siempre cuidando a sus amigas, ¡grande Pericles!
¿Quién no ha tenido amores de verano? Creo que todos. El problema empieza cuando una de las partes no concibe el romance como algo pasajero. No creo equivocarme si digo que hay veces en que las chicas creemos haber conocido al hombre de nuestras vidas. El príncipe bronceado que habíamos esperado, aparece en un escenario paradisiaco y el momento para que fluyan los sentimientos es perfecto. La historia que protagonizaron Rachel Mc Adams y Ryan Gosling ha regresado, pero esta vez es real y nos pertenece. Dany y sandy no son más que un chancay a nuestro lado. Esto es para siempre. Falso- al menos la mayoría de veces.
¿ Qué pasa cuando el caballero en cuestión no quiere saber nada más de nosotras, una vez terminado el verano, o la fiesta?
Mi teoría es que uno sabe que ha tenido un amor de verano, una vez terminado el verano, venido el otoño y darse cuenta que el caballero jamás se manifestó de nuevo. A menos que tengamos la seguridad de que al protegonista de los besos recibidos en la playa, fiesta, discoteca o lugar de moda durante el primer trimestre del año, no lo volveremos a ver nunca jamás, no distinguimos que lo que estamos viviendo durará a lo mucho tres meses, si no es que menos.
Aquí con mi amor de primavera verano, otoño e invierno: Bruss (como le dicen mis amigos)
