Estoy recontra enferma desde el sábado en la noche. Un desarreglo no identificado en mi alimentación hizo que mi estómago retomara su estado hipersensible, y que toda comida ingerida quiera ser inmediatamente expulsada.
Ayer en la noche, imposibilitada de desgustar alimento alguno, decidí contrarrestar los ligeros síntomas de hambre con entretenimiento vago, y fue así que después de un casi eterno zapping terminé viendo videos de hace 500 mil años. Agarré mi filmadora a cassette- pero de los pequeños, no esos gigantes-, desenterré mis cintas y apreté “play”.
Me embargó una sensación de escalofríos… nostalgia…emoción. Vi a una “Sin nada que decir” de 14 años, cabello ondeado (a esa edad recién empezaron a definirse mis zambos), menos curvilínea y más esbelta, con ligeras imperfecciones en el rostro. Recordé que a esa edad me molestaba por cualquier cosa – supongo que eran las revoloteadas hormonas de la adolescencia-, que uno de mis mayores retos era el de convencer a mi papá de que me diera permiso para quedarme en la fiesta hasta las 2 y 30 am, y que el segundo mayor reto era abandonar la talla 28 y regresar al envidiado 27.
Cambié de cinta y avancé en el tiempo. Era un poco más grandecita, mi cabello ya estaba totalmente ondulado, estaba gorda y segura de haberme enamorado para toda mi vida. En uno de esos videos sale el susodicho. En ese tiempo, mi futuro esposo. Recuerdo que cuando grabé el video, él y yo ya no éramos enamorados (y nunca volveríamos a serlo). Me da mucha risa acordarme que todas las tardes de ese año -absolutamente todas- me sentaba en mi cama y apretaba REW/PLAY/FF para avanzar y regresar a las escenas en donde conversábamos o salía alguna joda entre los dos. Mientras veía las escenas de “amor”, recordaba los coqueteos previos a la escena, los cuales no pude registrar porque mi filmadora estaba cargando.
La cinta se acabó y coloqué la siguiente. Esta vez no encontré a ningún novio ni preocupaciones superfluas. Encontré a mi hermanito. Estaba chiquitito y recontra cabezón, tenía las piernas delgaditas y los brazos largotes. Estaba bailando “Rock around the clock”, intentando seguir la coreografía que mi hermana y yo le indicábamos. La escena siguiente mostraba al enano sosteniendo mi cepillo de pelo rosado, cual micrófono. De rodillas en el suelo y con la mano en el corazón, simulaba cantar la letra de una canción en inglés.
Me emocioné hasta las lágrimas. Llamé a mi hermano para que se vea hacer el ridículo. Lo molesté hasta que se molestó conmigo. Se molestó conmigo hasta que me disculpé con él. Nos abrazamos hasta que lo mandé a bañarse. Se negó hasta que lo amenzacé.
Él fue a sacarse la carca y yo guardé la filmadora. Volví a enterrar mis cintas y mis recuerdos con ellas, pero las emociones que sentí me hacen sonreir aún ahorita, en plena oficina.